domingo, 16 de julio de 2017

Por una Atención Temprana 100% pública

Porque al que tiene se le dará y tendrá en abundancia; pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará”. San Mateo


Las oportunidades generan nuevas oportunidades
Las dificultades generan nuevas dificultades 
      
En todos los países se va avanzando en políticas que protegen a la infancia. En nuestro entorno se ha aprobado un decreto que regula la Atención Temprana y a contrarreloj. que está en fase de implantación.



El problema reside en cuadrar los siempre limitados presupuestos económicos con los resultados. Hay muchas formas posibles de organizar los recursos educativos y sanitarios, pero podemos resumirlos en: centros públicos, centros concertados y centros privados. 



Lamentablemente cada vez más se externalizan las atenciones públicas hacia centros privados que son concertados bajo unos precios y condiciones, con el hándicap de que siendo empresas privadas tienen que dar un servicio público.

Esto conlleva ventajas y desventajas para ambas partes. Los privados al concertar se protegen de la competencia yendo en contra de la libre competencia, pues solamente ellos pueden dar el servicio, y la administración al apretar en los precios y no tener funcionarios y locales que pagar, les sale más barato.  Todo el mundo gana o pierde según su tamaño y circunstancias para ser habilitado como centro privado autorizado. Añadimos facilidad de despido y cierta vigilancia pública.

En mi opinión, debe haber libertad para múltiples formas de atención. La gente que quiera y que pueda costearse un centro privado que tenga esa posibilidad. 

Pero hay algo más de fondo y que si queremos garantizar una igualdad social mínima, la Atención Temprana no debería estar mayoritariamente a cargo de empresas privadas o concertadas, ya que estas tienen que conciliar la rentabilidad económica con la prestación pública. Y estamos hablando de la infancia...

Para cualquier empresa, la supervivencia o el hacer dinero, depende de ajustar precios y gastos e incluso de seleccionar los clientes más adecuados, puesto que algunos clientes pueden representar perdidas o daños a la imagen del negocio.

En la Atención Temprana dejar la intervención mayoritariamente en un modelo privado es un error social. El dinero público es limitado, lo costeamos todos a través de los impuestos que pagamos, y tiene que maximizarse su inversión. No debería estar encima de la mesa la rentabilidad económica privada junto a las terapias de los niños y esto es imposible de solventar para cualquier centro privado.

Hay que tener en cuenta que si construimos un modelo social y universal gratuito, entonces no podemos dejar en manos privadas su gestión. Por experiencia, sé que hay familias que tienen difícil encaje en los centros privados por múltiples motivos.

Muchos de los que más necesitan la intervención son las familias que más complicado tienen que sean mantenidos en el tiempo por el centro privado de Atención Temprana: porque faltan con frecuencia a las sesiones, no pagan o se retrasan frecuentemente, porque hacen requerimientos judiciales a los profesionales ante el juez, porque interponen denuncias a los centros por cualquier motivo, porque son familias desestructuradas y en riesgo de exclusión social que poden difícil la intervención, por actitudes agresivas, por casos de violencia de género y maltrato, o porque los padres tienen enfermedad mental grave y desconciertan con sus reacciones a los terapeutas de niños y a otros clientes, etc. Son portadores de multitud de problemas en los que van enredando a las personas que tratan de ayudarles.

Una red privada de Atención Temprana puede derivar en que determinados casos pasen de centro en centro sin recibir una atención adecuada. ¿Quién quiere atender casos que le pueden causar perjuicios con el trabajo que le da de comer? ¿Quién y cómo va a tratar estos casos desde un centro privado que necesita unas determinadas horas cumplidas para alcanzar la rentabilidad? ¿Se implicará o dejará pasar el tiempo? ¿Les derivará a otro centro? ¿Desencadenaremos un efecto bola de nieve?

Si ha de construirse una red de Atención Temprana nueva a cargo de los presupuestos del Estado, esta debe ser pública 100% e incardinada en la Escuela pública. Tenemos ya los centros escolares, que es donde más tiempo pasan estos niños y donde los maestros necesitan más ayuda y a donde cada día acuden los padres y preguntan a los profesores qué tal van sus hijos. Este es el principal campo de batalla.

¿No es dotar de Atención Temprana, física y permanente en los colegios, racionalizar los recursos y hacerlos más eficientes? Centralizar la atención de los profesionales en la escuela es una forma de disminuir la fragmentación de los recursos y de las comunicaciones de los profesionales.

Cuando hablamos de la Atención a la Infancia no podemos estar hablando de la rentabilidad de los negocios sino de crear un ecosistema 100% optimizado para todos los ciudadanos, especialmente para aquellos que por sus circunstancias hacen más difícil que se les ayude por el conocido “efecto Mateo”, sabemos que los recursos no van a los que más lo necesitan: 

Los que mejor están mejor aprovechan los recursos y obtienen más ayudas y los que peor están van acumulando fracasos y nuevas dificultades desenganchándose de las ayudas, perdiendo oportunidades sociales y perpetuando la marginalidad y el sufrimiento. Estas personas salen perjudicadas hasta en los diagnósticos psicológicos clínicos.

Un modelo de Atención Temprana realmente público 100% ayuda a disminuir la discriminación pública y los pre-juicios privados, sino lo que hacemos es institucionalizar las desigualdades con el perjuicio social futuro, que aumentará la brecha entre la gente pobre sin oportunidades y la gente que se sitúa por encima del umbral de la pobreza.

sábado, 6 de mayo de 2017

Lo importante no es la experiencia, ni el entrenamiento ni la formación en sí mismas



… al igual que existen personas sin oído para la música u otras que no detectan adecuadamente sus emociones, existen sordos psicológicos “constitucionales” (personas con poca psychological mindness), que seguirán siéndolo”. José Guimón. Fue Catedrático de Psiquiatría de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU)


No todas las personas tienen la capacidad para entender, contener e imaginar lo que se juega en la mente de un niño cuando siente, piensa o se expresa.


Leía en el periódico que la presidenta del Consejo Escolar decía que en las próximas oposiciones para el profesorado nos jugamos hipotecar la enseñanza por 30 años. Y tiene razón, el tipo de mentes humanas que saquen su plaza para estar en un colegio gestionarán los destinos de miles de niños hasta que se jubilen.  

Me acuerdo que ya hace años en la comisión universitaria para el Impulso de la Innovación de la Docencia en los Centros de la Universidad del País Vasco (IBP) para el nuevo grado de Magisterio ya pedimos realizar algún tipo de entrevista o filtro para cursar la carrera de magisterio. Cosa que fue desestimada por amplia mayoría, pues provocaba emociones encontradas.

Quisiera despejar el camino de espejismos, pues la ciencia nos va diciendo que no es tan fácil como tener una alta nota en los estudios, tener mucha experiencia o realizar muchos cursos para estar con niños. 

Basta con leer al premio Nobel Daniel Kahneman que nos avisa de los sesgos y errores cognitivos que tienen los juicios de los expertos. Y también que una simple entrevista personal con los aspirantes a maestros no tendría más éxito que la selección por azar. Si nos tomamos las cosas con rigor, es necesario desarrollar un instrumento psicométrico con validez y fiabilidad para ayudarnos a encontrar a los estudiantes o trabajadores más válidos para estar con niños. 

Este razonamiento lo hacemos porque entendemos que la carrera de magisterio es especial y distinta a otras profesiones, pero extremadamente importante en su labor, ya que marcarán las mentes infantiles con su influencia. Así como por ejemplo, no dejamos que un policía porte una pistola sin pasar un psicotécnico o que los bomberos salgan a apagar incendios sin que pasen unas pruebas acordes con la tarea o buscamos en los controladores aéreos unas características determinadas para ejercer su trabajo con garantías, lo mismo pasa con el magisterio.

¿Por qué no valoramos más la importancia de cuidar y enseñar a los niños? Tener un aula con 25 niños pequeños es de una responsabilidad grandísima. Los niños de infantil no pueden defenderse de las actuaciones no apropiadas conductuales o emocionales de los adultos, aunque las reacciones de los maestros no sean intencionales.

Cosas que se suelen pedir para aumentar la calidad de la enseñanza y que son lo que yo llamo espejismos:

  • La formación: hay mucha gente que tiene un exceso de formación, hasta el doctorado en pedagogía, pero su talento para estudiar no tiene por qué coincidir con saber estar con niños en un aula.
  • La experiencia: una persona puede llevar muchos años trabajando con los niños y seguir haciéndolo mal. Tener muchos años trabajados no es la prueba de que se sea bueno con los niños.
  • El entrenamiento: hay personas que por mucho que se las entrene, no tienen vocación o tienen la vocación, pero no tienen las actitudes necesarias para estar con niños. El psiquiatra José Guimón decía tras 20 años de formar en la relación médico-paciente a los alumnos de medicina, que, aunque se podía mejorar de forma superficial en algunos aspectos de la entrevista médica y en algunos otros más profundos. No se mejoraba los aspectos más temperamentales de la persona, de ahí que estas personas estarían mejor lejos del trato con los enfermos. Así que tenemos que la carrera de medicina no tiene por qué hacerte un psiquiatra aceptable, o la carrera de psicología un buen psicólogo, y claro esta que la carrera de magisterio no tiene por qué convertirte en maestro.
En mi opinión, aunque la formación, la experiencia y el entrenamiento es valorable, hay algo más importante y que debemos pedir como primera condición a los que quieran dedicarse a la enseñanza de los niños de 0 a 6 años e incluso primaria. 

Necesitamos gente que percibe cómo y cuándo deben ser los cuidados infantiles. Estamos hablando de un tipo de mentes y no de un tipo de estudios. Ya vemos que ser maestro y además psicólogo, psiquiatra o doctor en pedagogía no tiene por qué darte la capacidad de atender bien a las personas o a los niños. 

Una labor para nuestras facultades de educación y psicología sería desarrollar una herramienta que detecte un perfil psicológico y actitudinal adecuado para ejercer de maestro infantil y de primaria. Lo mismo para los auxiliares y técnicos de educación infantil. 

El parámetro más importante que veo es lo que se llama mentalización o función reflexiva. Este es un concepto que viene de la psicoterapia, pero que sirve para entender lo que está en juego en la relación con los niños. Una buena capacidad de mentalización de los maestros y maestras es importante porque pasan a diario más de 6 horas compartiendo relación. Y hay estudios que relacionan la capacidad reflexiva de los cuidadores con el apego seguro.

La capacidad de mentalizar o función reflexiva, en el contexto escolar, sería un funcionamiento mental que permite comprender el comportamiento de los niños y el propio del maestro, sabiendo regular las emociones para establecer relaciones seguras y cálidas con niños y otros adultos. 

Un funcionamiento con una buena capacidad de mentalizar los estados mentales de los otros no la posee todo el mundo. Cuando esa capacidad nos permite imaginar, identificar y comprender acertadamente las necesidades y estados emocionales y él por qué actúan los niños como actúan, sin responder por reacción visceral o no contingente. 

A las personas con alto grado de mentalización o función reflexiva, su nivel atencional les permite observar y darse cuenta intuitivamente de lo que está en juego cuando un niño llora, pega, siente miedo o tiene dificultades. Esto va más allá de sentir empatía. Es toda una estructura psíquica meta-cognitiva que permite pensar, y saber cómo siente y lo que desea un niño o los padres sin perderse en las emociones propias o de los otros.  Los psicomotricistas tienen el concepto de “resonancias tónico emocionales recíprocas”, pero no es exactamente lo mismo.

Personas que tienen funcionamientos desequilibrados o con dificultad para identificar las emociones o que malinterpretan los estados psicológicos de los niños, etc. deberían ser detectados y ser valorados antes de entrar a magisterio e incluso durante el ejercicio de sus funciones profesionales. 

¿Por qué unas personas gritan como locos cuando se sienten estresadas y otras conservan la calma? ¿Por qué se siente impaciencia y se zarandea a un niño porque no para quieto en una fila para subir a clase? ¿Por qué unos maestros imponen cierto miedo para mantener el orden y otros lo consiguen de otra forma más amable? ¿Por qué unos profesores detectan rápidamente un acoso escolar y otros no perciben nada? 

Un niño pequeño no tiene todavía símbolos para sus procesos mentales y es el adulto el que ayuda al niño a construir su mente en base a lo que el maestro le refleja sobre sus emociones y el ejemplo que da con su auto-control emocional. 

En psicoterapia hay un creciente cuerpo de investigación que indica que las diferencias entre terapeutas eficaces y no eficaces no se explican por las diferencias en el nivel de experiencia, educación o entrenamiento. Que lo que hace eficaz a un terapeuta es una capacidad bien desarrollada de mentalizar. Por lo tanto, incluso las formaciones personales de los psicoterapeutas podrían no conseguir sus objetivos si no hay una estructura mental mentalizadora bien desarrollada. 

Si no puedes percibir tonos, sutiles gestos y movimientos, y entender bien al niño no lo puedes ayudar. Si no puedes monitorear la mente del niño y la tuya no vas a poder establecer un diálogo fluido, ni dejar los espacios y tiempos para que el niño se exprese o aprenda. Hay adultos que confunden a los niños o minimizan sus expresiones emocionales sin dar importancia a lo que se juega en el juego de los niños. 

Esta es una línea de investigación que se podría utilizar para llevarla al profesorado de infantil con las consecuentes adaptaciones. Más que cursos sobre inteligencia emocional o asignaturas de inteligencia emocional, es mejor tener a los maestros con las mejores capacidades, porque su simple estar y hacer provoca que los niños aprendan a autorregular sus emociones y a mentalizar estados que de otra forma no podrían hacer, porque en casa no tienen la suerte de tener padres mentalizadores o reflexivos o por cualquier otra vulnerabilidad. 

Yo sí creo que en educación infantil hay que seleccionar a los mejores, pero no necesariamente a los de mejor expediente académico.  Hay que empezar a investigar esto.

lunes, 1 de mayo de 2017

Necesitamos nuevas funciones sociales para la escuela: Atención Temprana e investigación integrada



"La investigación es una obligación ética con las generaciones venideras". Pedro Miguel Echenique

La escuela es un nodo al que se conectan muchas familias por lo que se maximiza la intervención social si se dota a estos grandes conectores sociales de recursos e intervenciones específicas
La sociedad ha cambiado y aparecen nuevas necesidades que solamente la escuela puede satisfacer si cuenta con los medios necesarios. Las nuevas patas de la mesa tienen que ser:

  • Atención Temprana dentro del colegio para los niños y las familias
  • Más maestros y auxiliares por aula de 0 a 6 años y en primaria
  • Investigación científica en la escuela

Debemos tener en cuenta y prepararnos para los movimientos sociales que se nos vienen encima en lo personal, lo laboral y lo social, porque son de profundo calado para todos: 

Los sueldos más bajos, y según parece, más personas sin trabajo por culpa de los robots y la Inteligencia Artificial, el aumento de las familias monoparentales y la destrucción de las redes de apoyo tradicionales como eran los amigos, los familiares cercanos, los vecinos que ayudaban, etc.

La globalización imparable trae consigo mayor movilidad por motivos económicos y sociales.  Lamentablemente la inmigración es un factor de riesgo en salud mental y en el que hay que poner especial cuidado para una adecuada integración social que no suele ser fácil, al perder: familia, amigos, lengua, cultura, costumbres, religión, valores, raíces, … produciéndose sentimientos de desarraigo que se transmiten a los hijos, incluso a los hijos de los hijos que han nacido y han sido educados aquí, aumentando la conflictividad social futura.

Cuando hablamos de atender al niño y a la familia, hablamos de crear un contexto óptimo de desarrollo. Por lo tanto, el proceso de intervención ha de estar centralizado e integrado en el colegio, porque las familias y su sistema relacional lo tienen cada vez más difícil, sean inmigrantes o no.

Las familias en riesgo social tienen menos conexiones a otras personas por lo que están en la periferia de las redes sociales y sus conexiones son de peor calidad y más frágiles también con las instituciones, incluida la Atención Temprana


La escuela infantil debe de pasar de ser pre-escolar a ser socio-atencional e integradora. Esto implica un cambio de concepto, no basta con la atención a los padres y a los niños que estamos haciendo ahora, hemos de ir a trabajar junto a los padres, los niños y los maestros. 

Las recomendaciones y pautas comportamentales en un despacho con los padres es hacer trampa. Muchas de las cosas que dicen los profesionales no funcionan. No se lleven las manos a la cabeza. Decir lo que se tiene que hacer no es lo mismo que enseñar a hacer. Atender al niño una hora a la semana en el centro de AT y a los padres una hora al mes en el despacho es ineficaz en la mayoría de las ocasiones.

Aprender se aprende haciendo con una persona que sabe más que uno, mano a mano. Desde la charla, el mal profesional no deja de estar sentado en su torre de marfil y su ego no deja de crecer mientras culpabiliza a los padres o al maestro por no conseguir mejorar los problemas de sus hijos o alumno. 

Para pisar realidad, y junto a los triunfos los fracasos de forma realista, los profesionales de la Atención Temprana deben estar a pie de obra con los padres y los maestros en los contextos donde el niño se desenvuelve, donde el niño aprende a vivir y entender el mundo. 

Por más vueltas que se le den, la escuela es la mejor de las ubicaciones posibles para las intervenciones y no solamente para la intervención, sino que es un marco perfecto para la investigación con grupos de control en ambientes naturales. No podemos sacar a los niños de los centros para hacer estudios, pero sí podemos ir a los colegios a estudiarlos.

El mejor sitio para evaluar científicamente las medidas y los tratamientos es el colegio, ¿por qué no hay investigadores en los colegios? ¿Cuál es el presupuesto en investigación en Atención temprana y en la infancia? ¿Qué líneas de investigación tenemos abiertas? 

Muchos de los tratamientos y pedagogías que predicamos no están basados en la mejor evidencia disponible, se hacen porque “siempre” se ha hecho así o porque suenan bien. Tenemos que poner a prueba nuestros postulados. Y sin observación y registro objetivo y sistemático de lo observado no es posible.

Los niños con Necesidades Educativas Especiales pueden relacionarse menos en el aula con sus compañeros disminuyendo su integración y sus posibilidades de mejora


Nos queda mucho por hacer si no nos auto-engañamos y establecemos las políticas que realmente nos dotan de las personas y los medios suficientes para poder hacerlo. 

En definitiva, nos jugamos nuestro futuro social en la medida que nuestras instituciones dan o no respuestas rápidas a nuestras necesidades humanas y que debido a los cambios tecnológicos y sociales asociados sufren cambios cada vez más a un ritmo vertiginoso. 

Ya no tenemos ni los niños ni las familias de antes, son distintos, y necesitamos saber si las terapias y la educación que realizamos son adecuados para ellos o hay que hacer cambios.

Señores, despierten, el futuro lo estamos creando nosotros ahora, reaccionando a lo que nos sucede.