miércoles, 12 de noviembre de 2008

Somos Cuerpo y Afectividad, Deseo y Fantasía

"Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar." (Giovanni Papini)

El cuerpo y sus manifestaciones son el soporte vital de la comunicación emocional. Pero de la mano de esa corporeidad está el deseo de ser aceptado, de ser querido, de ser amado.

Ser amado es sobre lo que gira la vida y es una eterna búsqueda que nunca termina.

Sobre lo corpóreo, lo físico de esa extensa piel llena de terminaciones nerviosas que nos recubre hay que añadir el funcionamiento de la vida imaginada.

Ese desear en soledad y en comunidad va esculpiendo una tupida red de millones de neuronas que escriben, reescriben, seleccionan, borran o cambian nuestra historia. Una historia que vemos que se va entretejiendo entre nuestros deseos y el de los otros.

Y en esta dialéctica a veces ni siquiera podemos elegir. Es el caso de cuando inconscientemente los deseos ocultos de nuestros padres, ya antes de nacer, al fantasear con el que fuésemos inteligentes o tontos, buenos o malos, difíciles o fáciles de calmar; crearon una dinámica velada, oculta, subterránea que nos llevo a ser lo que somos.

A partir de ahí, de esa dialéctica instaurada desde el primer día en este mundo, nuestras acciones fueron especiales. Nuestras peticiones, nuestras miradas recibieron significados únicos para ellos que mezclaban sin saberlo sus temores y sus anhelos, sus esperanzas y sus desesperanzas. Nosotros llorábamos o sonreíamos pero nuestro destino estaba en sus manos.

De cómo interpretaban nuestros lloros o nuestras sonrisas: con preocupación o con comprensión, con desesperación o con optimismo, con impotencia o con capacidad, con agresividad o con ternura y mimo,…

De ahí resulto el ajuste de nosotros a ellos y de ellos a nosotros. Y es que el placer o el malestar en la relación fue lo que marco los primeros impulsos hacia nuestro rumbo.

Más adelante algunas personas cercanas confirmaron esos temores (quizás solo sus propios temores): maestros, familiares y compañeros.

Desde el útero los deseos de todos ellos, más sus necesidades y las nuestras, sin darnos cuenta, empezaron a cincelar las vías neuronales que conforman y dan soporte a nuestro cerebro, y finalmente a nuestras conductas. Toda esa información social y corporal que nos bombardeaba una y otra vez: miles de señales no verbales y verbales, tonos, voces, gestos, actitudes fueron modelando la fisiología de nuestro cerebro construyendo nuestra forma de ser.

Por todo esto el síntoma, la desviación o las personalidades conflictivas en muchos casos creo que nacen principalmente de no ser queridos, de no ser deseados o aceptados desde lo más profundo de las personas que nos cuidan, que nos enseñan y que son realmente significativas para nosotros.

Si esto es así y el sentirse amado tiene que ver con el placer de comunicarse con éxito afectivamente creo que deberíamos llenar las escuelas de salas de psicomotricidad y de expertos psicomotricistas relacionales.

lunes, 3 de noviembre de 2008

La educación terapéutica

"Lo trágico surge a partir de la acumulación de lo insignificante." (Anónimo)

La institución escolar como la conocemos actualmente es una escuela unidimensional hacia el conocimiento. Pese a los intentos de integración en ella solamente los más capaces para su sistema de enseñanza son premiados para avanzar por sus etapas.

A mí me gustaría otro tipo de escuela. Una considerada como el lugar donde intentar dar oportunidades a todas las personas mediante su educación emocional.

Es una tarea difícil porque los condicionantes genéticos, sociales, económicos o físicos nos limitan. Pero quiero ir más allá, desde la perspectiva que alumbro sanidad y educación han de confluir.

Afirmo esto porque la escuela es un lugar privilegiado para detectar problemas y dificultades no solamente de aprendizaje sino también relacionales, de salud física o mental, familia, etc.

Como bien dice el catedrático de psiquiatría y presidente de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, Enrique Baca: “El ambiente nos influye desde el mismo momento de la concepción. Posteriormente es la acción y relación con la familia primero y en el sistema educativo después los que afectan de manera más directa en la modulación de la salud mental del individuo,…”

Visto así la escuela infantil ha de ser una escuela completa de salud y sus profesionales maestros especializados en detectar, derivar y saber afrontar en el día a día los problemas de desarrollo psicológico. Creo que lograremos una sociedad mejor cuando eduquemos para el equilibrio psíquico y emocional del individuo y de la sociedad por encima del primar tener muchos conocimientos adquiridos.

Estaba hace poco leyendo la definición de salud de  la Organización Mundial de la Salud. Este organismo la define como "un estado de completo bienestar físico, mental y social y no solo la ausencia de enfermedad".

Con solo leerla uno se da cuenta de la utopía de conseguir un estado continuo de completo bienestar. Pero no nos engañemos, si  no tratamos de intentar dar ese bienestar a los niños, aunque esten bien cuidados en los momentos clave del desarrollo infantil, no conseguiremos ni acercarnos de lejos a este objetivo de educar para la Salud.

Para esto falta un largo camino en el que hay que preparar y dotar de recursos a maestros, profesores y educadores en una nueva concepción más global del ser humano donde se tenga en cuenta el universo psicológico en su infinidad de variaciones. En mi opinión hemos de ir avanzando hacia la psicoeducación.

Lo importante es no quedarse en la superficie de los problemas y cambiar las estructuras de aprendizaje actuales. Pienso que nuestra disciplina, la psicomotricidad relacional, tiene y tendrá una importancia crucial para caminar por este nuevo camino.